Encíclica “Fratelli tutti”: La estabilidad de la sociedad y aprendizaje mutuo de la fraternidad.

Por David Apaza (*)

La encíclica “Fratelli tutti” resulta de gran importancia, ya que busca el bienestar emocional, nos da una clara enseñanza sobre qué tipo de ser humano queremos ser en la sociedad, muestra las principales teorías para educar al mundo y proporciona orientaciones valiosas para cada persona dispuesta a trabajar por el bien común. Plantea temas y argumentos relevantes hacia la sociedad de hoy en día, buscando la comprensión y práctica de importantes verdades que nos conciernen como comunidad. El documento pone especial énfasis en la reconducción del mundo.

La fraternidad es el sueño de Jesús, pues todo su mensaje se centra en enseñarnos a relacionarnos con Dios como padre y reconocer a las personas como hijos e hijas de Dios, llamadas a construir la fraternidad a través del amor.

Ejemplo de enseñanza 

Inspirado en la vida y obra de San Francisco de Asís, el Papa Francisco decide plantear, de manera profunda, el desafío de una fraternidad universal, en un marco de solidaridad y respeto mutuo. La encíclica está dirigida a quienes lo necesitan, para poder desempeñar una actitud fundamental hacia nuestros hermanos.

Se trata de una encíclica estupenda para la sociedad, de la que todos podemos aprender cómo interactuar con los demás y, así, establecer un mundo unido, generando opciones múltiples, donde cada uno pueda buscar la manera de      abrirse a los demás, apoyado en la noción de vida en comunidad.

Problemas en el mundo

Las principales amenazas del mundo actual son varias, las mismas generan incertidumbre en un futuro próximo. Recalcamos cómo el ser humano se va descomponiendo con estas faltas, dándose a conocer como un ser despiadado y sin sentimientos. Estas falencias son ocasionadas por las mismas personas que, a diario, lo consuman con la denigración, amenazas, ofensas, desinterés, envenenamiento social y decadencia en el trato a las demás personas. No obstante, el Papa Francisco asegura que puede prevalecer la esperanza sobre un trabajo conjunto para diseñar un mundo solidario aferrado a la fraternidad.    

Si bien vemos que todas las sociedades perdieron la cordura y no hay interés en el prójimo, ayudar es la palabra clave en estas situaciones, para salir adelante, si cada uno pone un granito de arena para poder mejorar. El Papa Francisco nos desafía a cuidar la esperanza y trabajar para que ella crezca.

La enseñanza y salida del tormento 

La parábola del Buen Samaritano, presentada en capítulo segundo, es una clara enseñanza de lo que no se debe hacer, pero también de cómo relacionarse con el hermano, mostrando siempre la sencillez y la humildad con todos, para marcar la diferencia en esta vida actual que genera mucha desconfianza e indiferencia hacia los más débiles.

Es una buena lección para poder ser mejor persona, de no sólo identificarnos como el mejor si también como capaces de lo peor. Viendo la realidad del mundo en que se vive podemos mejorar como personas, para así desempeñarnos como amigo sincero, solidario con los demás.

Modelo para una vivencia unidad

El papa Francisco plantea distintas formas de pensamiento, para así perseverar en los valores y enseñanzas de servicio, y poder replantear un mundo libre de toda soberbia, avaricia e indiferencia. Hacer florecer el amor propio con mucha intensidad, y que ellos vayan amando a los demás como ellos mismos se aman. Este camino permite obtener mayor compromiso, madurez y el bien común.

Debemos tener un pensamiento abierto para acoger y entender a cada persona y su forma de mirar el mundo. Se trata de cultivar el amor propio y una madurez permanente para poder acoger a los demás. Construir un marco de opinión que nos favorezca a todos y así gestionar e incentivar a una línea de valores que nos enseñen a ser solidarios y cuidar el bien común.   

Unidos hacia un mundo mejor

El papa Francisco anima a promover un desarrollo integral para todos. Propone acoger a los migrantes como dignos ciudadanos, brindándoles los servicios básicos y la necesaria protección en el país en el que habitan. Habla de la necesidad de establecer una alianza entre países para promover la integración de cada migrante, a fin de evitar crisis humanitarias. 

Solamente un acuerdo de estas características va a lograr que los migrantes se integren a la sociedad y aporten a la meta común de fraternidad, asegurando para todos mejores condiciones de calidad de vida.

La nobleza y alianza de gobernar 

El papa Francisco propone una política sana que este enmarcada en la caridad, a fin de poder brindar un estatus digno a la sociedad, con una visión amplia que lleve a un replanteamiento integral y un diálogo que asegure un bienestar mutuo y global.

Una política con vocación de servicio es la que se necesita hoy en día, para asegurar la dignidad de cada persona. Construir una convivencia digna a la medida del ser humano, con fuentes de trabajo para que pueda generar sus ingresos y no privarse de todo aquello que necesita.

La interacción estable y cultura diversa 

Nos dice que debemos usar el diálogo como medio para lograr el encuentro entre las personas. Sin embargo, sugiere no caer en el monólogo. La clave del diálogo está en escuchar y comprender, esto genera confianza y amistad. También recomienda ser más generosos con las personas que piensan distinto, en el marco de la libertad de opiniones. Todo esto requiere un camino educativo hacia una cultura del encuentro y una sociedad basada en la verdad.

Asimismo, es muy necesario un diálogo de amistad entre culturas distintas, esto les permite conquistar un futuro mejor, establecer puntos determinados que se enmarquen a la estabilidad, dándoles alternativas para analizar y optar lo que les conviene. De este modo optamos por un mundo yendo a la fraternidad mutua y evitamos destruirlo con fallas en el sistema de gobernanza. 

Amor propio y cariño infinito 

El papa Francisco propone que caminemos unidos hacia una sociedad digna. La paz está ligada a la verdad, la justicia y la misericordia, y permite formar una sociedad basada en el servicio a los demás y en la reconciliación mutua. Una sociedad en la que todos puedan sentirse en casa. Por eso la paz nos involucra a todos y hay que asumir nuestra responsabilidad. También anima a no tener miedo de seguir el camino del perdón, ya que perdonando a nuestros hermanos generamos un consentimiento amplio de compromiso con la integridad de cada uno.        

La verdadera reconciliación se alcanza de manera proactiva, la verdadera paz en todo conflicto puede lograrse cuando luchamos por la justicia, todo a través del dialogo. Persiguiendo la reconciliación y el desarrollo mutuo, a través del perdón, favorecemos una cultura del encuentro que permite colocar en el centro de toda acción política, social y económica a la persona humana. La paz es un compromiso incansable, el Evangelio pide perdonar hasta setenta veces siete, estamos llamados a amar a todos sin excepción, sólo se puede conseguir la paz venciendo al mal con el bien.

Firmeza e igualdad 

De acuerdo con el Papa Francisco, las diversas religiones pueden y deben contribuir a una mayor fraternidad a nivel mundial. El objetivo del diálogo es establecer la amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor. Juntos debemos abrirnos a Dios como el padre de todos, de esta forma cuando busquemos a Dios con un corazón sincero nos iremos encontrando con varios compañeros de camino que igualmente están en busca de Dios.  

Debemos avanzar hacia un mundo mejor y las religiones del mundo deben estar en la misma sintonía. A veces pensamos que cada religión tiene su propio Dios a quien adorar, pero sólo hay uno a quien servimos con dedicación. La fe en un Dios Padre fortalece el sentimiento de fraternidad y permite superar las denigraciones y exclusiones.

Conclusión

En síntesis, la encíclica “Fratelli tutti” nos enseña los valores y creencias, que hacen a cada persona fiel a Dios, y dan lugar a que se pueda crear la fraternidad entre todo el mundo. Si no se reconoce la verdad fundamental, triunfa la fuerza del poder y cada uno tiene a utilizar los medios de los que disponen para imponer su propio interés. 

(*) David Apaza es seminarista de la Diócesis de El Alto


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